Santa Marta, la magia de tenerlo todo

La bahía más hermosa de América siempre ha sido un destino tradicional de vacaciones, pero cada día sorprende con mejores planes y más lugares que siempre permitirán decir: “¡Esta vez fue mejor!”.

Cuando el piloto anuncia la pronta llegada a Santa Marta, la vista de todos los pasajeros se va hacia las ventanas por donde aparece, a un lado, la Sierra Nevada, (cadena montañosa costera más alta del mundo), y abajo, el inigualable mar Caribe, cuyo esplendor se puede apreciar por lo menos cinco minutos desde el aire y pareciera que el aterrizaje fuera sobre él. Ahí empieza la maravilla.

El hotel donde pasaría los cuatro días estaba en Taganga, un pequeño pueblo de pescadores ubicado a 20 minutos del centro de Santa Marta, en el cual abundan escuelas de buceo, tranquilidad, innumerables riquezas marinas y turistas extranjeros. La magia de este lugar la envuelve un toque bohemio, donde los visitantes se sienten libres, consiguen hospedaje a buen precio y se olvidan de los afanes urbanos.

Dos parques naturales ocupan gran parte del itinerario turístico a seguir: el Tayrona y la Sierra Nevada de Santa Marta. El primero es el más cercano y ofrece todo lo que un turista necesita conocer de la bahía. El segundo es el hogar sagrado de los koguis, arhuacos, wiwas y cancuamos: culturas indígenas que se resisten a desaparecer y sobreviven en la biodiversidad de sus tierras y creencias.

El viaje por el Parque Tayrona empieza en un recorrido de 40 minutos a pie. La caminata es relajante, nunca agotadora y muestra resultados, pues después de superada el recibimiento es una hermosa playa llamada Arrecifes, donde la majestuosidad de las olas, unida al deslumbrante azul del mar, se complementan con las hermosas cabañas y amplios espacios que se encuentran allí para el hospedaje de los turistas.

Ahí empieza un viaje por las que fueran catalogadas por el periódico británico The Guardian, como las segundas playas más lindas del mundo. Cada 10 ó 15 minutos de camino se encuentra una, entre las que sobresalen La Piscina, Neguanje, Bahía Concha (un poco más lejos), Castilletes y Cabo San Juan del Guía, donde los visitantes se encuentran con otro espacio para pernoctar.

El otro camino del Tayrona lleva hacia el sector de Cañaveral, una playa de olas fuertes, grandes rocas que forman montañas y una reluciente arena blanca. Aquí se encuentran los llamados “ecohabs”, que son una réplica de las antiguas casas de los pobladores indígenas de este territorio del país.

En Santa Marta también se pueden hacer planes de agua dulce por el río Don Diego, donde sus aguas transparentes sirven de pista para practicar deportes como rafting y canotaje, además de ser un excelente escenario para nadar. En el camino a pie hacia este afluente, los turistas se encuentran con Taironaka, una inmensa finca donde sobreviven vestigios de lo que fue una ciudad tairona, con sus terrazas, desagües y caminos empedrados.

La noche samaria es otro de los planes que nadie se puede perder. El centro histórico de la ciudad y El Rodadero son los lugares perfectos para encontrar restaurantes de todas las clases y sabores, además de bares y discotecas con diseños que se mezclan armoniosamente con el ambiente costero y la naturaleza.

Por eso y mucho más, Santa Marta lo tiene todo. Lo único necesario son las ganas de descubrirla y explorarla hasta en el último de sus rincones.

Fuente: El Espectador

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